domingo, 26 de mayo de 2013

Licantropo (Eva 5)

Me desperté en la misma posición en la que me quede dormido. El sol se filtraba por la ventana, dando demasiada claridad a la habitación. Con agilidad felina me levante sin despertar al chico que seguía durmiendo y deslice la cortina, dejando la estancia en penumbra.

El periódico estaba encima de la mesa de café al lado de la ventana. Traía de portada varios terremotos en el rift africano me pare frente a él cuando algo al fondo, en la cocina, se movió.

Para mi suerte era Lia.

-¿Cómo te has colado aquí?- grité en voz baja.

-Bueno... Ya sabes... Por la puerta.-Miré hacia el lugar citado y estaba tal y como lo recordaba, cerrado, por lo que no termine de creerla.

-Dijiste que le quedaba más tiempo.

-Por lo visto me equivoqué, no me llevo muy bien con las mates.

-Teníamos un trato... -Murmuré conteniendo la ira.

- Así es... y todavía no tengo Eva en mi poder, así que no has cumplido tu parte. No esperes que yo lo haga.

- Dame tres días.

La mujer negó con la cabeza. Mire al sofá donde Zack dormía. Podía dejarle ahí y volver antes de que despertara.

El ángel pareció entender e hizo un giro de muñeca, haciendo pedazos la puerta de la entrada y justo tras ella aguardaba un cosechador.

Sin pensarlo un segundo, usando su propia sombra le destroce. Acto seguido el pánico corrió por mis venas.

- Muévete, Zack.-Le zarandee a lo cual el reaccionó adormilado.

Con demasiada urgencia cogía un par de camisetas de mi habitación y le lancé una.

-Tenemos que irnos.

El chico se levantó sobresaltado.

-Pensé que aquí estábamos seguros.

-Yo también hasta que...-Miré hacia la cocina donde estaba la culpable de todo esto, pero la muy zorra se había ido.-Da igual, ya no es seguro y no tardarán en dar con nosotros.

El chico se cambió la camiseta.

Una ventana se rompió en el salón y tras los añicos de cristal apareció otro cosechador, en posición depredadora y la vista clavada en Zack.

Agarre al chico del antebrazo y tire de él para que me abrazase y aprovechando el gesto me transporte con el chico en mis brazos.

-¿Pero qué demonios...?-Farfulló el muchacho. - Ayer por la noche hiciste lo mismo... ¿Qué es?

-Una forma de moverse en el espacio en muy poco tiempo. Ahora estamos en el rift africano.

-¿Me estás diciendo que hace dos minutos dormía en tu piso de Nueva York y ahora estoy en vete a saber dónde de África?

Le mire y asentí. No tenía intención de que lo comprendiese todo.

-¿Y qué hacemos aquí?

Antes de contestar silbe con fuerza haciendo que se oyese por todo el valle. El chico se tapó los oídos ante el estruendo y algunos pájaros salieron volando.

-Buscamos a un hombre lobo que tiene un anillo que abre una puerta.

-¿Un hombre lobo?-Repitió

-Sí, esos que se convierten en lobos... Lo de la luna llena es un mito, se transforman cuando quieren... La mayoría de las veces.

-Claro... ¿Y tú? ¿Qué eres?- Preguntó el chico.

Me disponía a contestar, pero empezaron a rodearnos varios hombres. Conté siete más el alfa.

-¿Por qué será que no me sorprende que estés aquí?- Comentó el lobo alfa, fácilmente reconocible porque era un poco más alto y más musculoso que sus esbirros.-¿Qué haces aquí?

-Quiero pedirte un favor.

-He hablado con Alex. Sé qué favor me vas a pedir y que vas a intentar coger el anillo.

-Sabes que no me gusta pelear, pero no tendré remordimientos por patear a tu patética manda y luego quitarte el anillo.

No gusto a los hombres lobo lo que dije dado que se pusieron a gruñir. Tenía que reconocer que en el sexo, los gruñidos de los licántropos son muy excitantes, en el resto de cosas resultan irritantes y amenazadores.

-Y diles a tus esbirros que gruñir puede ser molesto y amenazante.

Mi objetivo era que perdiesen la paciencia y atacasen, eso les haría perder la formación y serían más fáciles de combatir.

Me giré hacia el chico al que más rápido le latía el corazón gruñía de pura ira, solo necesitaba un empujoncito para que estallase. Invoque mi espada y le coloque un fino recubrimiento de plata sintética.

Como esperaba el mozo considero la acción hostil y se lanzó sobre nosotros. Algunos les siguieron.

Me limite a golpearles con la espada, algo que les quemaba más allá del mero golpe.

Los jóvenes con apenas uno o dos golpes se quedaban retorciéndose en el suelo, mientras que los más experimentados tenían mas tolerancia al dolor y tenía que romperles algún hueso.

Tras dejar a todos los licántropos en el suelo, me volví hacia el alfa.

-No me obligues, Adam.- Le dije a la vez que le tendía la mano abierta pidiendo el anillo.

El hombre se llevó la mano al anillo que estaba en la contraria. Esbozo media sonrisa.

-Hoy no.

Me gire al ver que su vista se había centrado en otra cosa. Detrás de Zack había otro hombre lobo con intención de morderle. Sin pensarlo alce mi espada y se la clave en el hombro, y dejándola ahí, le quemaba y se veía salir un poco de humo. Le di una suave patada en el pecho para desincrustar mi espada del cuerpo haciendo que salpicase sangre por todos lados. El cuerpo se desplomo inerte sobre la tierra.

Me arrodille al lado de Zack y le pregunté si estaba bien. Estaba anonadado y cubierto de gotitas de sangre pero el chico asintió levemente sin apartar la vista del muerto.

-Siento lo de tu beta.-Comenté mientras me levantaba.

Adam estaba al borde de la pura ira. Eso le haría salir de su posición defensiva. Sus puños estaban apretados, muy apretados. Al igual que sus dientes. El hombre al que no le faltaba un músculo, murmuró algo que no termine de oír por lo que le ignore.

Finalmente el hombre perdió los estribos, se lanzó sobre nosotros y no fue muy difícil hacerle frente. Siendo un tipo tan fuerte y corpulento solo tenía que esquivarlo y su peso haría el resto.

Di unos pasos hacia delante para distanciarme del humano. Cuando el licántropo me tuvo a tiro realice un amago y le asesté un rodillazo en el abdomen seguido de un codazo en la espalda dejándole en el suelo. Coloque un pie sobre su espalda y cogí su mano derecha y tiré hacia arriba, retorciéndole el brazo, si tirase un poco más fuerte creo que podría arrancárselo.

Pero no era mi intención, solo quería lo que había en su dedo anular. Ahora le era imposible mantener el puño cerrado por lo que fue facilísimo quitárselo.

-No te saldrás con la tuya.- Farfulló tirado en el suelo.

-No es a mí a quien tienes que detener.

-¿A no? -Preguntó con cierta ironía.- Sorpréndeme.

Dejándole aun inmovilizado, me agache a su lado, clavando mi rodilla entre sus omóplatos.

-Eres el último. Sabes dónde buscarme.

Di un ligero empujón desencajándole el hombro con un fuerte crujido. El hombre gritó de dolor. Aproveche la conmoción para andar hasta Zack, que se había agazapado en medio de la explanada. Le tendí la mano y le ayude a ponerse de pie.

-¿Que eres?- Musitó con temor mientras me miraba con ojos lloros y atemorizados.

-Te contestaré las preguntas, pero este no es el sitio ni el momento adecuados.- Murmuré de manera más tierna que pude. Con mi dedo le limpie una gota de sangre que le había salpicado en la mejilla.

-¡Erik!

Me giré hacia el alfa que se levantaba tambaleante del suelo.

-Hasta pronto Adam. Te devolveré tu anillo en la próxima.

Agarré al chico y me transporte, llevándole conmigo, justo antes de que el hombre lobo se nos echase encima.

Aparecimos en una playa. Las vistas ahí siempre me habían parecido terriblemente hermosas, aguas azul turquesa, arena blanca y fina y hacia el interior de la isla, justo en el medio de esta estaba la enorme torre negra, contrastada con el cielo limpio y claro.

-¿Qué lugar es este?

-Quae salvat. Así es como se llama en las leyendas antiguas. La torre que guarda. Pero eso no quiere decir que sea su nombre.-Me senté en la arena, de espaldas a la torre.

-¿Guarda? ¿Que guarda?

-Lo que todo ser, humano o no, anhela.- El chico se sentó a mi lado y me miró con curiosidad.- Ser Dios.

-¿Y porque me trajiste aquí? Ni siquiera sabía que esta isla existiera.

-Es el lugar más seguro que hay, muy poca gente conoce su ubicación y mucha menos sabe llegar. Así que no vendrán a buscar tu alma hasta aquí.

-En eso te equivocas.- Lia, el ángel, apareció a tocar las narices, como siempre.- Acabemos rápido ahí dentro y así nos vamos todos pronto a casa.

-¡Tú!- Bramó el chico. A la vez que se levantaba sobresaltado.- Eres la que me compro mi alma.

La mujer sonrío ampliamente.

-La recuperaré, no te preocupes. -Le consolé mientras me levantaba yo también.- Vamos.

Caminamos hacia la torre y nos topamos con la puerta, enorme y con cierto estilo gótico, arcos apuntados. El material no era ninguno que se pudiera encontrar en el resto de la tierra, era un potente compuesto angelical y demoníaco.

Antes de entrar, me apoye en la puerta.

-Antes dame lo que me debes, Lia.

La mujer rodó los ojos y saco de la nada un arco blanco. Me lo tendió y lo acepte con gratitud y me lo coloque cruzándome la espalda. Acto seguido, me volví hacia la torre de nuevo. Empuje las pesadas puertas y salió de su interior una ráfaga de aire frío y húmedo.

-Bienvenidos a La Torre.

domingo, 19 de mayo de 2013

Sirena (Eva 4)

Llegué al paseo costero, cerca de la opera de Sydney. El ángel apareció tras de mí.

-¿Porque no me traes siempre a sitios como estos?- Murmuró. No conteste y empecé a andar sin dirección concreta.- Otra cosa, ¿Cómo eres capad de encontrar a tus compañeros guardianes?

Me replantee la pregunta, era algo que nunca antes había pensado en ello.

-No lo sé.- Conteste vagamente. - Las noticias me suelen indicar el lugar y luego simplemente me dejo caer.

La chica se adelantó y se puso en mi camino.

-Dime que sabes a donde vamos y que no estas andando por andar.

-Sé a dónde voy y no estoy andando por andar.-Repetí encogiendo los hombros.- ¿Tanta ilusión te hace que te mienta?

-Me da igual, ángel, demonio o humano todo el género masculino es estúpido.

Contestó y empezó a caminar por el paseo mientras despotricaba contra el género opuesto.

Una punzada me asalto en el estómago y de manera automática giré y me interné en la ciudad. Entre en una cafetería y me senté en un taburete en la barra. Señale una tarta con buena pinta y la camarera asintió.

-Pero serás mamón, ¿Cómo se te ocurre dejarme hablando sola de esa manera?

-Mejor, pónmelo para llevar. -Le dije a la camarera, que volvió a asentir con una sonrisa un poco forzada.

-¿Qué haces aquí?¿Le has encontrado?

-No, pero sé que está ahí. -Señalé el edificio de enfrente.

-¿Ahí? -Repitió el ángel mientras le daba las gracias a la camarera por el trozo de tarta.

Me levante y salí de la cafetería. Tome dirección al gran hospital, hoy parecía que iba a pasarme el día en hospitales.

Cuando llegamos a la entrada, ya había acabado el trozo de tarta, que estaba muy bueno.

-¿Cuál es el plan? ¿Ir piso por piso y viendo si esta?

Me pare en seco y me voltee hacia la mujer.

-No es un mal plan.- Contesté encogiendo los hombros.

-¿No lo dirás en serio?- Replicó la mujer.

Me monte en el ascensor y pulse todos los botones, de manera que fuimos parando en todos los pisos. En el piso cuarto, las puertas se abrieron, dejando salir a un grupo de enfermeras. Cuando las puertas estaban cerrándose, algo al final del pasillo me llamo la atención, puse la mano en la puerta que dejo de cerrarse y se abrió de nuevo. Salí del ascensor bajo la atenta mirada de las enfermeras, pero no me importo. Lia me seguía de cerca. Camine por el pasillo y me pare frente a la puerta 422. Estaba ahí.

Empuje la puerta suavemente, que hizo un ligero chirrido. Tras ella estaba Elena.

Estaba recostada en una cama con los pies en alto y las piernas abiertas. Estaba dando a luz. He de decir que nunca había visto a una sirena dar a luz.

-Me levantaría a recibirte, Erik, pero me pillas un poco ocupada.

Camine hasta ella y me situé a su lado. Ella me agarro de la camiseta y tiro de mí.

-Sé lo que estás haciendo.- Me susurró en el oído.

-Has provocado un tsunami en Nueva Zelanda.- Comente fingiendo no haberla oído.- Y lo entiendo.

-No pienso dártelo.- Contestó justo antes de una contracción. Me soltó y agarró el colchón de la cama con fuerza mientras se guardaba el grito para ella.

Cuando el dolor remitió y ella se relajó, yo le cogí la mano que tenía más cerca.

-Elena, por favor. Te lo devolveré, sin riesgo alguno. Y podrás continuar normal con tus hijos, sin interrupción sobrenatural.

Le mire a los ojos y ella me devolvió la mirada con los ojos acuosos mientras se lo pensaba.

Otra contracción la invadió y la sirena apretó mi mano como si no hubiera mañana, lo que me hizo tener que tragar el grito de dolor. No sabía que las sirenas fueran tan fuertes. La contracción remitió y mi mano fue liberada pero la deje ahí agarrada a la suya.

-Tómalo y vete.- Murmuró mientras me tendía el anillo color cobalto.

-Gracias.- Contesté y le di un beso en su frente sudada.- Sera una niña igual de terca que su madre.

-Lárgate antes de que me arrepienta.- Me separé de ella no sin antes acariciar la barriga que escondía la nueva vida. -Erik- Me pare en la puerta, justo antes de salir.- No la pifies.

-Me ofendes, Elena. ¿Cuándo la he pifiado yo?

Le guiñe justo antes de salir. El ángel me esperaba apoyada en la pared.

-Te habrá supuesto todo un reto, ¿no? No le he oído peleas, ni cosas rompiéndose.

-Estaba dando a luz.- contesté encogiendo los hombros.- Y ahora, si me disculpas, tengo cosas que hacer.

Las puertas del ascensor se cerraron tras de mí, dejando a la rubia en el rellano. Aprovechando el elevador vacío me transporte hasta mi piso, en Nueva York, aún no había dado ni el medio día aquí.

Me recosté en el sofá y dormí con gana. Me desperté a tiempo para darme una ducha y vestirme. Una vez listo, me transporte hasta un callejón cercano a la cafetería. Caminé hasta allí y entre, sentándome en un taburete en frente de la barra.

-Que guapo este hoy.- dije al camarero que había venido especialmente preparado para la ocasión.

-La ocasión lo requiere.- Contestó a la vez que me sonreía.- Has llegado muy pronto, aun me queda más de media hora.

-Esperaré encantado. - sonreí y daba una vuelta en el taburete.- Mientras ponme un trozo de tarta y un café.

-No sabía que ibas a venir y no te guarde un trozo de tu tarta.- Se disculpó sonrojándose.

-No te pongas así. Cualquiera me vale.- Le sonreí.

El chico raudo, asintió y me puso un pedazo de tarta de fresa y una taza de café. Luego fue a limpiar mesas y seguir sirviendo cafés. Durante la larga media hora no paro un segundo y me sonreía cada vez que pasaba por delante de mí.

Cuando se fue el último de los clientes, Zack cerró la puerta para evitar que nadie más entrase, o para que nosotros no saliésemos. Cuando se volvió me puse de pie y me acerque a él con una sonrisa traviesa.

-Al fin solos.- Le susurré al oído con una voz lenta.- Y por lo visto no tienes intención de dejar que me vaya.

-Con lo que me ha costado que me hagas caso no pienso dejarte marchar tan fácilmente.- Contestó divertido.

Mi cerebro le dedico unos segundos a las palabras que había pronunciado. ¿Sería consciente de que había vendido su alma a cambio de vete a saber qué? Pero no era momento de preguntarlo. Me junte más a él y posé la mano en su espalda baja, juntándonos más aún.

-Me parece bien que no me dejes marchar.

Tímidamente acerque mi rostro al suyo y me humedecí los labios haciendo que mi lengua apenas rozase los labios del chico. Finalmente los junte, uniéndolos en un beso delicado, húmedo y caliente, que rápidamente se convirtió en un beso apasionado y hambriento. Mi instinto me llevo a atraerlo más hacia mí y apretarlo contra mi propio cuerpo, mientras que él unió sus manos tras mi nuca.

Lo único que nos interrumpió fueron las tripas del muchacho que retumbaron reclamando comida. Zack, avergonzado rompió el beso y enterró la cara en mi hombro mientras yo reía.

-Será mejor que te lleve a cenar algo antes de que te mueras de inanición.- El chico asintió y fue a buscar su chaqueta.- ¿Qué te apetece? ¿Un chino? ¿Italiano tal vez? He oído que hay un coreano no muy lejos...

-Pese a no ser muy glamuroso para la primera cita, me apetece pizza.- respondió mientras salíamos del establecimiento por la puerta trasera.

-Me parece una excelente idea.- Contesté satisfecho.- Luego, si quieres, tengo entradas para el Sanctum.

-¿Tienes entradas? Ese lugar está siempre abarrotado y es imposible conseguir una entrada.

-Ventajas de trabajar en él. -Los ojos del chico se quedaron como platos.- Bueno... ¿Quieres ir o busco otro plan?

-No, no... - Se apresuró a decir.- El Sanctum está genial.

Encontramos una pizzería en la cual pedimos una grande con peperoni y extra de queso. Mientras comíamos estuvimos hablando sobre nuestros trabajos. Al parecer el mío era mucho más interesante al ser camarero en el local de moda en Nueva York que en una cafetería de barrio.

-Que ganas tenía de comer algo así.- Dijo Zack cuando acabo con el último trozo.

-Me alegra que te haya gustado.- Susurré en su oído y de seguido bese su cuello y subí por él hasta llegar a su mandíbula y finalmente a sus labios.- Sabes a peperoni y queso.

El muchacho respondió con una sonrisa boba, lo cual le hizo parece mucho más inocente. Me acabe sentando encima de él. No estaba seguro de porqué, pero no podía evitar no hacerlo, simplemente lo hacía. El encargado de la pizzería nos miraba desde el mostrador con cara de desaprobación pero le ignore y seguí disfrutando del muchacho rubio que era mío por esa noche.

Le bese, como hacia un rato, en la cafetería, al principio tímido y suave, pero con los segundos se volvía hambriento y apasionado. Sus manos apretaban mi trasero tirando de mí hacia él.

-Disculpen, pero vamos a cerrar enseguida.- Rompí el beso y lancé una dura mirada al dependiente vestido con un horrible uniforme amarillo y rojo. El chico retrocedió un paso y pude oír como tragaba saliva.

-Claro.- Contestó rápidamente Zack, que me dio un golpecito para que me quitase de encima, pero no me moví.- Erik, ¿estás bien?

-Sí.- Contesté sin mirarle, con la mirada fija en el empleado. Solo se me pasaba por la cabeza elegir una de las mil formas de aplastar a ese molesto insecto. Mi acompañante tiró de mi camiseta haciendo que le mirase, lo que me saco de mi barullo mental y volviese al momento recordando que estaba con él. Le sonreí.- Claro, vayámonos.

Me levante y salimos del local. Al pasar por delante del cristal del local pude ver que el dependiente seguía ahí aterrorizado e inmóvil. Me di por satisfecho y volví a centrarme totalmente en Zack.

La siguiente parada fue el Sanctum.

No hubo problemas para entrar. El interior era oscuro, lo único que estaba iluminado era la barra, el resto tenía luz negra y láseres de colores. La música retumbaba en las paredes y la gente se movía al ritmo de ellas.

Comenzamos a bailar rozando nuestros cuerpos el uno con el otro. Sentía que estaba marcando mi territorio, diciéndoles a los demás depredadores de la sala que esa presa, ese chico, era mío y que nadie tenía que acercarse. No me molesto en absoluto darme cuenta de eso, de hecho me parecía correcto.

-¿Puedes ir a conseguir bebida? - Preguntó en mi oído. No me costó mucho oírle, aunque la música lo hacía más difícil. Asentí - Tomaré un destornillador, si no es mucha molestia.- Negué con la cabeza y él me sonrió - Iré al baño mientras.

En ese preciso momento nos separamos. Él fue hacia los aseos y yo me abrí paso entre la muchedumbre hasta llegar a la barra.

-Por fin llegas.- Dijo el barman.- Llegas tarde.

-Hoy es mi noche libre.- Contesté encogiéndome de hombros.- Ponme dos destornilladores.

-El jefe te está buscando como un loco. - El hombre, de unos treinta años y con ropa oscura, que le daba un aspecto de tipo duro y sexy, preparó los cócteles y los puso sobre la barra.

-Me da lo mismo, hoy no voy a trabajar.- Deje un billete para pagar las consumiciones y me largue.

-¡Nielsen!- Oí bramar a mis espaldas.- ¿Dónde te habías metido? Ponte a emborrachar a la gente ahora mismo.

Me giré con hastío para ver a mi jefe, con la misma camiseta de tirantes blanca sobre unos vaqueros viejos.

-Te lo repito, hoy es mi noche libre.- Contesté a la vez que volvía a caminar hacia los baños.

-Como no te pongas a servir bebidas ahora mismo, te despido.- No sabía si me veía todavía o no, pero encogí los hombros sin volverme y continué caminando.- Bien. No te molestes en volver mañana.

Ahora tendría que pensar en buscar otro trabajo. Bueno, me preocuparía mañana.

Mientras apartaba a la gente me fije que no todo era lo que parecía. Crucé la mirada con un recolector, fácil de detectar por sus ojos oscuros y vidriosos. Me resulto extraño que estuviera aquí.

Zack.

Con más urgencia me abrí paso hasta los baños y justo el muchacho salía de ellos.

-¿Estas bien? Parece que has visto un fantasma.

Me lance sobre él y le abracé. Me di cuenta que había perdido las bebidas en algún momento de la barra hasta ahí.

-Tenemos que irnos.- Le dije y tire de su muñeca hacia la salida. Él se zafó.

-¿Que? Acabamos de llegar... ¿Qué ocurre?

-Hace cosa de un año vendiste tu alma a una mujer rubia. Hoy han venido a buscarla.

Por detrás del muchacho paso otro recolector. Estaban acechando.

- Por favor, déjame ayudarte.

El chico ahora se dejó guiar y me dejo sacarle de la fiesta pon la entrada. Una vez fuera camine por las calles, en dirección a mi casa.

-Erik, ¿a dónde vamos?

-A un lugar seguro. - Contesté. Sabía que debía estar asustándose y no era momento para eso. Le aparte de la sigilosa calle, hasta un callejón cercano.- No sé porque lo hiciste, pero vendiste tu alma a un ángel, y ahora viene a recogerla para llevársela. No sé si pensaste que era broma o no, pero es cierto y no durarán en destrozarte para obtener tu alma.

"Chapó, Erik, ahora seguro que no se asusta." Pensé para mis adentros. Al fondo del oscuro callejón, apareció una silueta, al guiarme para buscar una escapatoria vi que en la entrada del callejón también había aparecido otra silueta. Maldije para mis adentros.

-Erik... Dime que son amigos tuyos.- Dijo el muchacho detrás mío.

-¿porque todo el mundo quiere que le mienta?-Dije recordando la conversación que había tenido esta mañana con Lia.

Lia. Ella tenía que estar detrás de todo...

Siluetas se fueron acumulando en los lados del callejón. Me volví hacia Zack e hice que se pegase a la pared y se encogiese.

-No te asustes más de lo que ya estas.- Murmuré.

El chico asintió y se acurrucó en un rincón junto a un contenedor metálico. Me separé de ese rincón para tener espacio. Las siluetas fueron tomando forma, convirtiéndose en personas encorvadas y con garras en lugar de manos. Conté rápidamente y era alguna más de una docena.

-Debes de estar orgulloso, rara vez envían a más de un par para buscar a una persona.

Le sonreí al chico que temblaba en el suelo.

Estiré el brazo y la mano se materializó una espada de pura oscuridad. En ese instante, varios de esos recolectores se lanzaron encima de mí. No me llevo mucho quitármelos de encima, a base de estacazos y esquivar varios zarpazos. Aquellos que se atrevían a acercarse a Zack recibían un mandoble haciendo que se partieran por la mitad y se convirtieran en polvo.

-Sabía que este chico me traería problemas.- Dijo una voz tranquila. Las siluetas se apartaron, dejando ver a un hombre de traje con la piel blanca como la leche.- Pero lo último que me imaginaba era un demonio protegiendo a un humano.

-Sorpresas que da la vida, sino sería muy aburrida.

-Cierto.- Contestó el hombre con una escueta sonrisa.- Y pensar que eras de mis mejores clientes.

-Era yo el que te daba permiso para cosechar las almas... No lo olvides, Gastón.-Retrocedí lentamente hasta quedar al lado de Zack.

-Pero esta vez no es tuya... Debes dárnoslo.

Apoye mi mano sobre el hombro del muchacho, que no dejo de temblar. En un rápido movimiento, lance un pequeño cuchillo improvisado con umbrokinesis hacia el hombre, a la vez que me transportaba con el chico.

Aparecimos en mi apartamento. Me tire en el sofá agotado. Cuando el chico se percató de todo, se levantó y empezó a dar vueltas y a hacer preguntas. Muchas preguntas. Deje que hablase, que pensase, que gritara y todo lo que tuviera que hacer. Al fin y al cabo era normal esa reacción.

-¿Que ha pasado? - Preguntó finalmente sentándose a mi lado en el sofá y mirándome con tristeza.

Yo me arrime a él, puse las piernas sobre las suyas y me acomode en su hombro.

- Lo arreglaremos. - Murmuré. - Aquí estas a salvo.

Lo último que recuerdo de esa noche es echarnos una manta encima.

domingo, 12 de mayo de 2013

Fantasma (Eva 3)

Justo al salir de la ducha el teléfono sonó y al descolgar escuche la irritante voz del ángel, que empezó a parlotear.

-Nos vemos en México.- le corté y colgué.

Me puse una ropa cualquiera y viaje a México gracias a la umbrokinesis. Acabe en los alrededores del estadio donde se había cancelado la semifinal de fútbol A unos pasos estaba todo tirado y caótico con árboles arrancados de cuajo e incrustados en casas sin techos.

El calor de México era excesivo y eso que solo hacia unas pocas horas que había amanecido.

Me puse gafas de sol, que siempre ayudan.

-Por favor, ¿qué te has hecho? -dijo a mi espaldas la chica rubia.-¿vaqueros y una camiseta de tirantes verde?- me miré y no conseguí ver nada malo, con lo que encogí los hombros. -¿Y esas gafas? ¿Qué te crees que eres? ¿Del equipo A?

-¿El equipo A?- Repetí confuso.- En fin, da igual...

Camine buscando algo que indicase donde estaba el guardián del viento.

-Vale, ignorando tu mal gusto vistiendo... ¿Qué hacemos aquí?

-Buscamos el origen de los tornados.

-Vale... ¿qué te parece una cochambrosa casa intacta?

Me gire hacia donde la rubia indicaba, una casa abandonada con alguna ventana rota, pero por el resto estaba bastante bien conservada.

Asentí y fuimos hasta allí.

La puerta abrió con un chirrido, dando paso a una casa oscura. Tenía el aspecto de haber sido barrido por el fuego.

-¿Y que buscamos aquí?- Pregunto Lia.

-Creo que a mi.- contesto una voz masculina.- Jo, Erik, no sé cómo te lo montas pero siempre atraes a las chicas más bonitas.-Y el pelo de mi acompañante revoloteo.

-Toda tuya, Cristopher.-Conteste encogiendo los hombros.

-¿En serio?- una ráfaga helada se puso justo a mi lado y en la punta de mi nariz se condenso un frío y denso líquido.

-Apártate un poco.- le comente mientras daba un paso a tras.

-Mira, demonio del tres al cuarto, a mí no me ofrezcas como si de un objeto...-a la chica empezó a resbalarle la misma baba espesa por la mejilla. -¡Sera cerdo el fantasma salido!

El ángel empezó a agitarse tratando de espantar al fantasma. Lo único que consiguió fue llenarse las manos de ectoplasma fantasmal.

-Bueno, ¿a qué se debe tu visita? -preguntó el fantasma que se hizo semitransparente sobre las escaleras. Acto seguido Lia dejo de manotear el aire.- No es tu afición traer solteritas a mi casa...

-Cuidado con lo que dices, fantasmón.-advirtió la chica.

-No, no vengo a traerte solteritas- La chica me lanzó una mirada de advertencia que ignore.- Sino a pedirte un favor.

-¡El gran y magnifico demonio viene a pedir ayuda a un pobre fantasma!- dijo mientras levitaba hacia mí. -¿En qué puedo ayudarte? Me gusta la idea de que me debas un favor.

-Quiero pedirte la llave de La Torre.

La expresión del fantasma cambio completamente. Porque quien diga que un muerto no puede expresarse no sabe lo que dice.

-¿Cómo te atreves a pedirme eso?- exclamó empezando a dar vueltas por la estancia.- Sabes que no puedes.-Pose una mirada dura sobre el delgado fantasma. -No, Erik, sabes que no.

La chica empezaba a impacientarse y no sabía cuánto aguantaría sin hacer nada.

-¡Te lo devolveré! Intacto. -Me apresure a añadir.

El ángel se apropió de un atizador de hierro que había en un rincón de la casa, el fantasma le vio y trago saliva fuertemente, si es que los fantasmas hacen eso.

-¿Tienes más ganas de colaborar?- Murmuró la chica con voz amenazante mientras que con el atizador daba suaves golpes contra su mano.

El fantasma y el ángel empezaron a jugar al gato y al ratón. Yo husmee por la casa en busca de algo que pudiera ayudar. Tras revisar todo el piso no encontré nada útil. Me quede mirando a la nada, apoyado sobre el marco de una puerta. Algo me llamo la atención, por la ventana de la cocina se podía ver una pequeña lápida en forma de cruz clavada a pocos metros de la casa.

Ignorando el estruendo que hacían la pareja salí de la casa por la puerta trasera. Tras eso los dos pararon para ver que hacía. Me encamine hacia la pequeña cruz y me agache junto a ella. En la inscripción rezaba: "Christopher Laurence"

-Tu anillo sigue ahí, contigo, ¿verdad?- Resolví.

-Ni se te ocurra, Erik.- gruño el fantasma que se iba a abalanzar sobre mi hasta que Lia puso el atizador entre los dos evitando que el incorpóreo se moviese.

-¿Te vas a poner a asaltar tumbas?- Apuntó el ángel. -Ahora entiendo tu modelito... vas rollo arqueólogo millonetis.

Le lance una mirada asesina, que con la concentración suficiente no mataría pero si dejaría gravemente herido. Emplee ese esfuerzo en crear una pala desde las sombras. Comencé a cavar bajo la atenta mirada de los otros dos.

-No tenéis intención de ayudarme, ¿verdad?- Pregunté tras llevar un corto periodo de tiempo.

-No.- Contestaron ambos a la vez.

Rodé los ojos y volví a cavar. Esta vez cree más palas “oscuras” que se movieran solas y me ayudaran a cavar más rápido.

Tras más de dos horas, di con un ataúd de madera de pino. Lo lógico hubiera sido gritar para avisar de que lo había encontrado, pero ellos no habían ayudado, no se llevarían la emoción de asaltar la tumba.

Golpee la tapa un par de veces, hasta que cedió y los tablones se partieron. Un horrible hedor se desprendió de su interior, haciéndome recordar que no hacía falta que respirase. Contuve el aliento y me agache para mirar en el interior de la caja. Mi búsqueda se centró en las esqueléticas manos del cadáver y efectivamente un anillo metálico y de color amarillento estaba en uno de los raquíticos dedos. Una vez en mi poder, salte del hoyo y camine, alejándome de la casa.

-¿Lo tienes? – Preguntó el ángel aun en el porche trasero de la casa.

En respuesta y sin volver a mirarme, enseñe el áureo complemento por encima de mi hombro. En pocos pasos la mujer se puso a mi altura.

-Eres todo un crack.

-¡Espera!- Paré y me giré hacia el fantasma que se había quedado allí.- Lo siento, Erik, Pero no puedo dejarte ir con eso.

-Te lo devolveré, Cristopher, no te preocupes.

-Y para que quiero el anillo si ya no custodia nada… No puedo dejarte ir con ello.

Empezó a levantarse una brisa que se transformó en un violento viento. El polvo del suelo comenzó a levantarse y quedo girando sobre la casa. Más bien en torno al fantasma. Me vi obligado a cubrirme la cara con el brazo y notaba la arena rascándome la piel. Me arrepentí de no haber traído una chaqueta o un pañuelo. El vendaval comenzó a moverme, haciendo que tuviera que poner todo mi empeño en mantenerme pegado al suelo.

Una roca, que no vi venir, me golpeo en el hombro y me hizo perder el equilibrio, haciéndome salir por los aires. Por suerte, fue como dar un salto-voltereta muy largo. No dejaría que eso pasaría de nuevo.

-Déjalo ya, Cris.- Grite en medio de la tormenta de arena.

La violencia del viento creció. Buscando un plan rápido eche a correr hacia la casa, tapándome los ojos para evitar que me entrase arena. Genere una nueva vara férrea. Con ella, en un salto, atravesé al fantasma y me deslice al interior de la casa. Para cuando me recupere, el espectro se había esfumado y la tormenta cesado. Salí de la casa sacudiéndome la arena de la ropa.

-Podías haberlo hecho antes, ahora me he llenado el pelo de asquerosa arena.

-También podría haberme ido y dejado la tormenta.- Contesté. Y ahora que lo pensaba no sabía porque no lo había hecho. Lo deje correr. Ya había perdido mucho tiempo y ahora tenía que volver a ducharme.

Eso hice, me fui de allí, dejando a Lia ahí, y me transporte a mi apartamento neoyorkino. Me metí de nuevo de la ducha para quitarme toda la arena de la tormenta. Luego me puse ropa limpia y me tumbe un rato en el sofá.

Para cuando quise darme cuenta, ya era la hora de ir a trabajar. Como siempre, me lo tome con tranquilidad y pasee por las calles hasta llegar al bar. El lugar hoy estaba tranquilo y no había mucho ajetreo.

Cerca de la medianoche note una punzada en el pecho y rápidamente identifique de qué se trataba, alguien me estaba convocando. Le dije a mi compañero que me iba a tomar un descanso y salí por la trasera. Acto seguido me transporte sin un destino concreto, solo guiado por la corazonada.

Di a un bosque, cerca de una encrucijada. Por la hora no debía de estar demasiado lejos de Nueva York. En el cruce de caminos había una chica.

-No es un lugar muy propicio para una señorita como tu.- Dije mientras me acercaba lentamente. La chica se sobresaltó y yo deje que me viera gracias a los faros de su propio coche.- Algún desconocido podría aparecer.- La muchacha trago saliva.- Aunque era esa tu intención, ¿verdad?

Camine hasta el centro del cruce y vi que la tierra estaba removida. Tal como indican las leyendas, si quieres invocar a un demonio, debes de enterrar una caja con varias especias y una foto tuya en una encrucijada de caminos a medianoche. Realmente la hora da lo mismo, solemos acudir en cualquier momento.

-Julie, ¿verdad? - Sabía su nombre porque había puesto dentro de la caja un carné de la biblioteca. La chica asintió.- Dime, ¿en qué puedo ayudarte?

La muchacha se acercó unos pasos. Era un poco más baja que yo y llevaba un vestido recatado. El pelo lo tenía recogido, en sus ojos había pura desesperación y en sus mejillas lágrimas. Me tendió una foto. Era de ella y un chico muy atractivo en la cima de una montaña.

-Puedes… Los médicos dijeron… -Tartamudeo tratando de contener más lágrimas.- Ellos dijeron que no vivirá…

-¿Quieres que le salve?

-¿Puedes? –Un rayo de esperanza atravesó sus ojos y yo asentí.- Entonces hazlo.

-¿Sabes el precio?- Era obvio que lo sabía, si conocía las leyendas invocadoras, también conocería el precio. La chica asintió.- Dilo.

-Mi alma.

-Así es. ¿Y de verdad crees que él merece que pagues con tu alma su vida?- Cuestione su decisión a la vez que le entregaba su foto.

-Él es toda mi vida y mi razón de vivir… Sin él no soy nada. Daria mi alma y mi vida mil veces si pudiera.

-Pues si tan segura estas. Yo salvaré a este chico, a cambio de tu alma, que recogeré en diez años.- Hice una pausa y me lo replantee.- Te daré veinte años.

-¿Ya está? – Preguntó la chica.

-Algunos se dan un beso para sellar el pacto, pero a mí con un apretón de manos me vale.- Tendí mi mano y la chica la estrecho vigorosamente.- Y yo que tú, no dejaría que una persona fuera mi todo, pues cuando se va, estamos vacíos. –La chica me miró confusa.- Pásate a verle mañana por la mañana.

La chica asintió y corrió a montarse en el coche para salir escopeteada, dejándome a oscuras en ese cruce de mala muerte. Mire la hora del teléfono móvil, aún tenía tiempo.

Me teletransporté hasta el hospital. No me costó nada saber dónde estaba el chico. Camine por el pasillo y la luz fluorescente parpadeaba a mi paso. Era la energía que estaba acumulando. Esto es lo que más nos gusta de los contratos a los demonios, la omnipotencia que nos otorga.

Abrí la puerta con un solo pensamiento y me situé junto al chico que estaba en la cama, durmiendo. La máquina que mostraba el cardiograma parpadeo. Pose mi mano en el pecho del chico.

-Despierta. -La espalda del chico se separó de la cama y las maquinas empezaron a pitar. El hombre tomo aire como si acabara de salir de una piscina. – Es muy triste que seas el hombre más apreciado del planeta y no vayas a apreciarlo.

Las enfermeras empezaron a revolver todo y yo desaparecí para no dar explicaciones. Volví a mi trabajo como si no hubiera pasado nada.

Cuando salí de mi jornada laboral, volví otra vez al hospital, me transporte hasta el exterior de la habitación donde estaba el chico. Me asome por la ventana y estaba el chico tumbado y la chica sentada en una silla a su lado. Conversaban. No sabía lo que decían, pero si sabía de qué estaban hablando. Él le decía que no quería pasar el resto de su vida junto a ella.

Efectivamente, la chica se levantó enfadada y se marchó de la habitación, pasando por mi lado sin siquiera fijarse que estaba ahí.

-Me encanta lo malos que podéis llegar a ser.- Lia se había aparecido a mi lado, apoyada en la pared.- Sobre todo cuando sabes que ahora estará diez años tratando de suicidarse sin éxito.

-Veinte. –Le corregí, con la vista puesta en el chico.- Yo le pregunté si estaba segura de que merecía la pena y me dijo que sí. No siento remordimientos.

-¿Y estas seguro de que nuestro trato merece la pena?- Preguntó.- ¿Estás seguro de que, cuando acabemos todo esto, él te querrá y no te dejará?

Ya tenía la respuesta a eso. Pero mi atención se posó en la televisión que había en la sala de espera al final del pasillo. El hombre de las noticias matinales hablaba sobre un tsunami de pequeña magnitud que embistió Nueva Zelanda por la parte este, la cara que daba a Australia. El reportero hacía hincapié en lo confusos que se encontraban los científicos debido a que Australia no había sufrido incidente alguno.

-¿Te apetece un viaje a Sidney? – Le pregunté al ángel.

-Claro… Siempre que pagues tú la cuenta.

domingo, 5 de mayo de 2013

Vampiro (Eva 2)

Gracias a la umbrokinesis llegue a Japón en apenas unos segundos. Era de noches aunque si hubiera sido de día no se apreciaría la diferencia, pues estaba todo completamente cubierto de nubes de las que caía algo como nieve sucia, que rápidamente identifique como ceniza de los volcanes. Todo estaba cubierto por ello, las farolas iluminaban calles desiertas con coches en medio de la calzada y la mayoría de las puertas estaban rotas o desencajadas dando a entender que el lugar ha sido propenso al pillaje aprovechando la evacuación llevada a cabo por las autoridades niponas.

El ángel rubia apareció tras de mí.

-Pensé que ibas a ser más rápida.

-¿A dónde me has traído? Este lugar es horrible... y huele peor.

-Esto es el norte de Japón.- contesté mientras empezaba a andar por la desolada calle.

Todo parecía llevar así siglos. Me di cuenta de que nuestras pisadas habían dejado huellas en la ceniza. Podíamos usar eso como indicador de presencia.

-¿Cómo te llamas, demonio?

-No voy a decirte mi verdadero nombre para que puedas invocarme cuando quieras.-Conteste, no tenía gana alguna de que eso pasase.- Pero la mejor aproximación de mi es Erik.

-¿Aproximación? ¿En serio crees que me apetece invocarte a cada rato, solo para incordiarte? -La miré por el rabillo del ojo y ella soltó una risotada de niña pija.- vale, me has pillado. Eres un chico listo, eso me gusta... Lástima que estés por el humano ese... Por cierto el mío es Lia, por si te interesa... Que veo que no.

A la chica no se le escapaba nada. Solo quería encontrar los anillos y conseguir el alma de Zack. Pero su incesante parloteo no ayudaba en nada.

Un ruido metálico, proveniente de un callejón me puso en alerta. Me dirigí hacia allí, esperando que fuera la vampiresa que portaba la llave de fuego. En el callejón lo único que se movía era una temblorosa puerta con más de un agujero. Entre por ella y di a unas escaleras polvorientas con varias pisadas. Subí hasta un pasillo largo con varias puertas. Las huellas llegaban hasta la tercera de la derecha.

Con toda la tranquilidad del mundo camine hasta allí y gire el pomo de la puerta. Allí había una habitación con una cómoda y una cama y sobre esta última había un gnomo tumbado, que se incorporó rápidamente sobresaltado.

-¿Pero qué demonios...?

-Mide tus palabras, duende.- contestó el ángel tras de mí, sabiendo perfectamente que aquel tipo bajito, barrigón y pelirrojo no era un duende.

-¡No soy un duende! –Replicó el hombrecillo.

-Me da igual. Conteste poniéndome entre la mujer y el gnomo. -Buscamos a una vampiresa, no debe de estar muy lejos y suele ser bastante problemática.

-Puede que sepa donde esta...

Lo que faltaba, un gnomo que quería ser rico a nuestra costa. Lia, que así dijo que se llamaba, dio un suave empujón a un jarrón encima de la cómoda.

-Ups. Que torpe soy, espero que fuera muy caro.

-Quiero una compensación por la información. -dijo el gnomo. El ángel en respuesta tiro la lámpara que había en la mesita de noche.

-Me la llevare de aquí para que deje de hacer destrozos, ¿te parece bien?

El gnomo se lo pensó y la mujer, haciendo uso de la luciquinesis destrozo la mesita de noche contraria a la anterior.

-Vale, vale...-contestó el hombrecillo. -hay una vampiresa con complejo de vaquera que siempre está dando la murga por el barrio.

-Gracias.- contesté mientras Lia se levantaba de la cama y salía de la habitación.

-Es un placer hacer negocios con vosotros.- murmuró el gnomo y cerró la puerta con un portazo.

-Creo que no le caímos bien.- comentó la rubia.

Rodé los ojos y salí a la calle. Cuanto antes encontrase a esa vampiresa antes podría separarme de esa ángel.

Un chirrido metálico retumbo en la calle, como cuando rayas la carrocería de un automóvil. Solo que era eso. La vampiresa se acercaba contoneando las caderas y rayando con la punta de una de sus armas de fuego cada coche que tenía a su alcance.

-No voy a decir que me agrade tu visita, Erik.

-¿Ella tampoco sabe tu verdadero nombre?- Preguntó el ángel tras de mi.

-Sé que solo sales de tu agujero para ordenar cosas y no me gusta.- continuó la vampiresa.

- Yo pensé que tus compañeros guardianes lo sabrían...

Un disparo surco el aire y dio justo en la pared tras de mi a pocos centímetros. Permanecí impasivo y con la mirada fija en la vampiresa, como había estado hasta ahora.

La vampiresa tenía el pelo caoba, largo y despeinado, dándole un aspecto peligroso. Llevaba ropa ceñida a su escultural cuerpo. Para los humanos eso es lo que les atrae, sensualidad y peligro. En la mano que no tenía el arma, tenía una botella de licor.

-Ahora recuerdo porque no me gustan las mujeres. -Murmure. -No vengo a ordenarte nada, solo a pedir prestado.

-No.- sentenció la vampiresa sin ni siquiera darme tiempo a pedir.- Sea lo fuere, no.

-Esto acabó antes de empezar...-Puntualizó el ángel.

-No ayudas.- Le susurré.- Alexandra, por favor. Déjame el anillo, te lo devolveré tan pronto como me sea posible.

-No sería una buena guardiana si diese lo que custodio al primero que lo pide.

-Lo hemos intentado a tu manera. -murmuró la rubia dando un paso a delante y sacando el arco de la nada.- Lo haremos a la mía.

-Eso suena a amenaza...- contestó la vampiresa que todavía estaba a una distancia prudente.

Si quería evitar que alguien saliese herido debería de hacer algo, pero no tenía ganas ni tiempo. Aunque si Lia mataba a Alexandra, cuando acabase todo esto habría que buscar otro guardián del fuego... y eso llevaba mucho más esfuerzo.

-Nadie ha amenazado a nadie, ni nadie va a hacer las cosas a su manera.- Grité y di unos pasos hacia la vampiresa que encañono su arma hacia mí. Mire a la morena a los ojos.- Solo te lo pido prestado unos días.

-Te dije que no, Erik.

-Siento tener que recurrir a esto...

Invoque en mi mano derecha una cerbatana. Y dispare un pequeño dardo que la mujer interceptó tirando la botella al suelo, que se hizo añicos. La vampiresa sonrió pensando que había fallado.

Pero se equivocaba.

El dardo estaba impregnado de una toxina paralizante sacada de no sé qué ser extraño ser. Alexandra noto el efecto y su sonrisa desapareció en el acto. Tres segundos más tarde cayó al suelo como un saco.

Sin ninguna prisa, ande hasta ella.

-¿Que me has hecho?- bufó la vampiresa. -Eres un maldito traidor.

Ignore los numerosos insultos y faltas hacia mi persona mientras le quitaba el anillo de la mano.

-Te lo devolveré... Te lo prometo.

-Sinceramente ni yo me lo esperaba.- reconoció el ángel.

Al alejarme me dio pena dejar a la chica así de expuesta. La recogí del suelo y la cargue hasta la habitación donde habíamos estado antes, la del gnomo. Este exploto al vernos pero le ignore y deje a la vampiresa sobre la cama.

-¿Con que derecho te crees que puedes dejar a esta tipa en mi cama?

-Yo que tú, le trataría con respeto, pues puede arrancarte la cabeza de un mordisco.- Vale, estaba exagerando un poco, pero no podía culparme por ello. Más vale prevenir que curar.- Al menos cuando se le pase el efecto del paralizante.

Salí de la habitación seguido de la rubia y de unos cuantas injurias hacia más hacia mi persona.

-Eres demasiado blando.- murmuró el ángel- Sorprendente, pero blando.

-Voy a cogerme el resto del día libre. Te guste o no.

Y sin dejarle responder me teletransporte, usando la umbrokinesis. Aparecí en central park de Nueva York y ya el día estaba acabando. El teléfono vibró en cuanto recibió cobertura nacional, indicando que habia recibido un mensaje. "2dias. 10pm. En el sanctum. Lleva a quien quieras."

Era una invitación a una fiesta. Era lo bueno de mi trabajo, tenía muchas invitaciones a fiestas y esta no iba a desperdiciarla.

Caminé hasta la cafetería donde trabaja Zack. Y ahí estaba, en la barra, sirviendo cafés. Ya debía de quedar poco para que acabase su turno.

-¿Otra vez aquí? Esta noche no vas a dormir.- rió el simpático camarero.

-No vengo a por café. - confesé. La cafetería estaba bastante vacía así que no me molesto nadie.- Sino a por ti. Me han invitado a una fiesta, y pensé que igual te apetece venir y cenar algo juntos.

El chico se le cayó la mandíbula. Sonreí en consecuencia. Zack empezó a balbucear y le puse el dedo sobre los labios.

-Vendré a buscarte en dos días, después de tu trabajo.

El chico asintió y sonrió. Aprovechando que mi mano estaba a su lado, le acaricie la cálida mejilla y el llevo su mano sobre la mía.

-Te voy a dar mi teléfono, para que me llames si tienes algún problema, ¿vale? -En una servilleta escribí mi nombre y mi teléfono. - es posible que no te coja, pero es normal, luego te llamó yo.

-Entendido. - contestó el chico con una sonrisa mientras admiraba el trozo de papel.

-Nos vemos en dos días. - Me despedí y antes de salir por la puerta le guiñe un ojo.

Tras dejar la cafetería atrás me dirigí a mi propio trabajo nocturno. Era camarero en el bar de moda en la ciudad: El sanctum.

El local estaba regido por un humano bastante avaricioso y contratarme había sido lo mejor que podía haber hecho en su insignificante vida.

Cuando llegue mi jefe esperaba en la trastienda, yo simplemente me limite a mi trabajo y cuando no hubo mucha gente me asome.

-Me voy a coger la noche libre dentro de dos días.

-No.- Contestó secamente.

-No me ha entendido bien, no se lo estaba pidiendo, se lo estaba avisando.

El hombre, de unos cuarenta años, se le empezaba a caer el pelo y le estaba asomando una barriga. Estaba leyendo el periódico, lo más seguro la sección de deportes. Pero lo que me llamo la atención fue la noticia de portada. "Suspendido partido de semifinales en México por numerosos tornados en la zona del estadio, dejando numerosos destrozos materiales"

Ya sabía cuál sería mi destino en la mañana.

El hombre había dicho algo pero le había ignorado. Volví a mi puesto hasta el amanecer.

domingo, 28 de abril de 2013

Ángel (Eva 1)

En el comienzo de los tiempos, ángeles y demonios forjaron una tregua para la construcción de La Torre donde se guardaría el bien más preciado de todo el universo. Más tarde con el origen de diferentes especies La Torre fue creciendo hasta los siete niveles que hoy tiene. Cada nivel tiene una llave confiada a un guardián. La llave le da a su guardián características especiales y el dominio de un elemento.

Hoy en día La Torre no es más que una mera leyenda, que no todos recuerdan y solo unos poco creen en ella. Para desgracia, los que creen se afanan desmesuradamente por encontrarla y en hacerse con su contenido. Algunos saben muy bien lo que hay otros no tienen ni idea.

Yo soy Erik, demonio de toda la vida y guardián de las sombras. Yo vi cómo se construía La Torre y fui el primero en imponer la prueba, la última que hay que superar antes de llegar a EVA.

Ahora estoy en una pequeña cafetería de Nueva York donde el café es cutre y las tartas regulares, pero esta él, un mísero humano que atiende la barra y sirve cafés. ¿Cómo he podido dejarme enamorar por un humano? No viven ni una milésima parte de todo lo que yo he vivido. Pero aquí estoy bebiendo café cutre y comiendo tarta mediocre.

Una mujer rubia y esbelta, con el semblante serio, se sentó enfrente de mí. Mis ojos se posaron en los suyos y solo con eso supe, no quien era sino, que era. Mi entusiasmo era nulo y dirigí la mirada hacia la transitada calle, para ver a decenas de humanos corriendo de aquí para allá. La mujer simplemente cogió mi vaso y bebió de él lo que quedaba de café.

-No sé cómo soportas esta horrible bebida. - Comento a la par que dejaba el vaso vacío sobre la mesa. Se acomodó sobre la silla y poso el brazo en la de al lado.- Realmente no sé cómo alguien como tú puede estar aquí metido.

-Tengo cosas mejores que hacer que escuchar tus comentarios.- Contesté de manera cortante.- Si quieres algo dilo o lárgate.

-Sé que eres uno de los guardianes de la Torre.- Sus palabras me hicieron volver a centrar mi atención en la chica. La última vez que me habían dicho eso había acabado cortando muchos miembros. - Quiero ir y conseguir lo que custodia.

-Bien. Inténtalo. Te deseo la mejor de las suertes, ángel.

-Muchas gracias, pero no la necesito.- Una sonrisa se dibujó en su cara.- Quiero hacer un trato contigo. ¿Te dedicas a eso, no?

Los demonios nos dedicamos a hacer tratos, eso es. Pero siempre lo hacemos a nuestra conveniencia, de normal somos los que solucionamos los problemas de los demás con un alto coste.

-¿Que tienes que ofrecer? No sé si hay algo por lo que te ayudaría...

La mujer puso sobre la mesa algo, junto al vacío vaso de café. Era un anillo blanco marfil. No era un anillo cualquiera, era una llave de La Torre. La poseía un ángel, Michael, guardián de la luz.

Cogí el anillo y lo examine. Tenía finas gotas de sangre, lo que me dejo a entender que el anillo no había sido obtenido de manera limpia.

-Más te vale que le hayas matado porque si no tienes un serio problema.

-Yo no me preocuparía por Michael... Digamos que perdió la cabeza cuando perdió el anillo.

-Quieres decir que se la cortaste.

-Un demonio no me va a dar lecciones de moralidad ahora. Mi trato es el siguiente: dejo a los demás guardianes vivos y tú me ayudas a conseguir Eva.

Me sorprendió que supiera el contenido de La Torre. Quizás el ángel se había ido de la lengua o simplemente había hecho muy bien los deberes.

-No me convences... Puede que hayas podido con Michael pero no podrás conmigo.

-Está bien, dejaré a los demás guardianes y no habrá represalias cuando Eva este en mis manos. -No había acabado de negar cuando la mujer dejo un arco encima de la mesa.-Y un arco celestial.

Vale, el arco me hizo replantearme la cosa. Esa era un arma exclusiva de los ángeles, era una de las pocas cosas que podrían matarme y... Qué demonios (y está mal que yo lo diga) es un arco que no necesita flechas... Vale, quería el arco celestial... Pero darle EVA a una chiquilla no valía un arco celestial.

-Tendrás que buscarte a otro.- Sentencié finalmente.

Me levante de la mesa y trate de irme, pero la chica me lo impidió agarrándome de la muñeca.

-Aún tengo más que ofrecer y estoy segura de que no lo rechazaras.-Traté de zafarme pero me tenía bien sujeto.- A él.

Su cabeza señaló hacia la barra de la cafetería. Zack estaba ahí, atendiendo a un obeso cliente.

-Como te acerques a él no te dará tiempo ni a parpadear...

-ups...- contestó la rubia aun sentada.- veras, el muchacho estaba un tanto desesperado y aparecí yo con la salvación... No me costó mucho convencerle y me dejo su alma humana regalada... Solo he tenido que esperar un año para poder ejecutar mi plan.

-¿Que le has hecho?- Pregunté furioso. Me sorprendí de lo furioso que me había puesto, cua do realmente no tenía por qué estarlo. Eso me delató.

-Ayúdame a conseguir EVA y te daré su alma, para que la engullas o lo que hagáis los demonios con ellas.

Tome aire y me serene. Ordene las cosas en mi cabeza.

-Este es el trato: Dejaras a los guardianes vivos y no habrá represalias. Me entregaras su alma cuando tengamos las llaves y el arco al final.

Mientras pronunciaba las palabras se me ocurría mil maneras de que no llegase a la cima de La Torre.

-Casi cuela, demonio.- Contestó la mujer.-Te entregaré el alma del chico cuando tenga EVA en mis manos, ni un segundo antes.

-En la puerta que conduce a EVA.

-Trato hecho.

La mujer se levantó y se alejó. Yo me senté y solté un largo suspiro. El ángel volvió.

-Un detalle sin importancia. Al chico no le quedan más de dos semanas para que se le acabe el plazo.

-¿Eso te parece un detalle sin Importancia?

-Bueno... Llevo esperando mucho tiempo y la paciencia tiene un límite.

-No sabes lo mucho que te odio...

-Me hago una idea, no te preocupes, lo superaré.

Me levante de la mesa y fui al mostrador y page mi consumición al dependiente, Zack. El chico sonrió enormemente, lo que me hizo sentir mucho mejor. Me di por satisfecho y cuando fui a salir por la puerta la televisión que estaba encima de la puerta captó mi atención. Había una noticia sobre numerosos volcanes activos en Japón. El ángel rubia tenía demasiada suerte, pues ya sabía dónde estaba el primer guardián al que podíamos buscar.

Salí de la cafetería y como Si lo hubiera olido, ella estaba esperando apoyada en la pared. Me sonrió cuando pase a su lado.

-¿A dónde vamos? -preguntó.

-Sígueme si eres capaz.

martes, 23 de abril de 2013

He de pedir disculpas


¡Buenas!
Lo sé, lo sé... ¿Dónde narices esta el especial de navidad? ¿Y el resto de la historia?
No están. Me dio un poco de bajonazo y no continué escribiendo. Lo sé, necesito ser fustigado.
Pero traigo algo para compesar. Algo que os gustará y no os dejará a medias, o al menos no es la intención.
He escrito una historia, es muy breve (de unas 45 páginas) en 13 capítulos mas epílogo. Iré colocando cada capítulo todos los domingos a partir de este (dom 28/04/2013). No habrá retrasos ya que los dejaré todos programados, por si se me olvida subirlos.
Lo único que me falta es colocar portadas a los capítulos y al libro en general y ya lo tendría completo. Si alguien se ofrece para esta tarea, bienvenido sea.
También estoy pensando que puede ser lo próximo que pueda escribir, pero ando confuso y no estoy seguro, así que me lo pensaré y cuando lo tenga, os lo diré.
Sin mucho mas que deciros, muchas gracias por leer, y ser pacientes. Aceptar mis disculpas una vez mas por este grandísimo lapso de tiempo y solo os pido que difundáis el blog si os gusta y dejad un pequeño comentario.

domingo, 30 de diciembre de 2012

Navidades...


Son vacaciones de Navidad ya... Y yo sin un capitulo publicado, lo se... Tengo un capitulo especial navideño en el horno, pero no esta ultimado, le queda unas cuantas pinceladas y es posible que pueda sacar hasta dos, como paso con el especial de Halloween.
Pero no son todo malas noticias. Tambien traigo un regalo navideño que me han hecho y es... *Redoble de tambores*

TARAAAANNN Si, es una portada para la historia. La hizo mi amiga Veruchi lo hizo con gran entusiasmo. Así que ya sabéis, dejad comentarios diciendo lo mucho que os gusta.
Y no olvidéis de estar atentos al blog, algún día de estos llegará el especial de navidad y seguiremos publicando cosillas, como siempre, los domingos y algún que otro miércoles.

domingo, 23 de diciembre de 2012

15. Guardianes del sueño


Hoy Nina nos cuenta como le fue su ruptura con Mike. Y aparece un baile de invierno por ahí... Y Nina empieza a sospechar algo raro tmabién... ¿Quieres saber mas? Lee un poco mas aquí abajo.

Le estaba cogiendo el gusto a esto de madrugar sin despertador, no te levantas con sueño, ni perezosa, solo tiene que sonar la canción de Walker y sin más, despertar en la cama. Además, ir a correr con él, Tara y Eric es muy entretenido y ayuda a estar relajada el resto del día. Fue una buena terapia para superar lo de Mike.

Pero ese día fue distinto.

Eric no vino a correr y Walker estaba más sonriente. Tras sonsacarle que ocurría, nos contó que había pasado con Mike. Me quede alucinada según lo iba contando. Pensaba que la estupidez de mi novio, bueno, mi ex novio, tenía un límite pero ha demostrado que no.

-¿Por eso estas tan contento hoy entonces? –Pregunté. Pero él solo encogió los hombros.

Esa sería toda la información que lograría obtener de él de esa manera. Deduje por lo que había contado, que podía deberse a que le habían soltado una buena reprimenda a Mike por su actitud. Para Walker sería como una gran victoria, aunque a él también se la hubieran echado y castigado.

-¿Qué tal vas con el chico ese? ¿Greg?- Pregunto el chico a mi amiga. Acto seguido se arrepintió de haberlo hecho.

-Greg es estupendo. No sé cómo no pude verlo, ni siquiera suponerlo. Te estos muy agradecida Walker. Estuvimos saliendo, nos besamos y bueno… tiene un culo de alucine…- Y así fue hasta que nos separamos para ir cada uno por su lado.

De vuelta al instituto, fue rutina corriente y moliente en todos estos días. Las clases se volvían monótonas y la influencia del chico nuevo se hacía patente y sobre todo en las clases de matemáticas.

Walker falto a la comida, dado que tenía que cumplir su castigo. Tara y Eric sí estuvieron. El chico tímido volvió a contarnos su versión de los hechos del día anterior. Pero él si conto mucha más información que Walker había pasado inadvertida, posiblemente queriendo.

Tras el encontronazo fueron a cenar juntos y Walker acompaño a Eric hasta su casa. ¿Sería eso lo que le había hecho feliz a Walker? Tenía que encontrar una forma de sonsacar información a los chicos como fuera. Aunque de todos modos, ¿Por qué iba a estar Walker feliz por acompañar a Eric a casa?

Y como si una iluminación se tratase, se me ocurrió como hacerlo. Como Walker, en los sueños.

Ya tenía ganas de ir a dormir.

Walker entró en el comedor minuto y medio antes de que nos fuéramos y dejo sobre la mesa un papel. Concretamente un cartel del baile de invierno.

-¿Qué tal el castigo?- Pregunto Eric.

-Bien, nada del otro mundo. No es el primer castigo que sufro, ni será el último.- Rio mientras se sentaba al lado de Eric y en frente de Tara.

-Que malote ha sonado eso. – Comentó con voz tontorrona la chica.

Mire a Walker que simplemente le sonrió en respuesta.

-¿Por qué trajiste esto?- Señale el anuncio y se lo pasé a Tara.

-El baile de invierno.- Apuntó mi amiga.- Se celebra siempre el primer viernes de diciembre. ¿Piensas ir?

Walker miro a los presentes antes de contestar.

-¿Vosotros no?

-Falta una semana y Greg no me lo ha pedido.- Comentó la chica.

-¿Y porque te lo tiene que pedir él? Si quieres ir con él, ve tu misma y pídeselo.

-Tienes razón. Voy a pedírselo.

Tara se levantó de la silla totalmente convencida y se fue, seguramente a buscar a Greg. Me quede mirando cómo se iba, pensando en lo mucho que me gustaba que Mike me pidiese ir al baile y el comprar los vestidos también era divertido.

-¿Y vosotros? – Pregunto Walker.

-Yo paso.- Contesto Eric.- Nunca he ido y no voy a empezar.

-Yo no tengo con quien ir, siempre iba con Mike y sería muy raro ir sola.

-Vamos los tres juntos. – Sentenció el chico rubio.- Tú no iras sola, y tú tendrás tu primer baile en condiciones y te lo pasarás bien. Todos felices.

-No me convence.- Dijimos Eric y yo a la vez.

-Me da lo mismo si os convence o no, vais a ir y lo vais a dar todo.- Sentencio el chico. Se puso de pie.- Y espero que llevéis lo mejor del armario.

Walker tras decir eso y no darnos oportunidad de replicar se fue, dejándonos ahí, sentados y confusos. Eric y yo intercambiamos una mirada de terror, pánico y estrés inmediato. Me levante a todo correr para seguir al rubio, y Eric hizo lo mismo tras de mí. Parecía mentira todo lo que podía andar ese hombre en tan poco tiempo. Lo encontramos caminando por la calle, con la mochila en un hombro y las manos en los pantalones.

-Walker. –El aludido se paró y giro.- ¿Cómo nos dices eso?

-¿El qué?

-Que vayamos al baile.- Reproché.

-No hay que demostrar debilidad y esta es la mejor oportunidad.

-Walker,- murmuro Eric.- No nos metas en tus guerras con Mike.

-¿En serio quieres seguir así? – Pregunto.-¿Atemorizado y amenazado continuamente? ¿Siendo víctima de insultos que no son ciertos? – Hizo una pausa y se volvió hacia mi.- ¿Quieres que traten como una mala chica cuando no lo eres?

Agache la mirada y me mire los zapatos. Tenía razón, pero tenía miedo, me incomoda que la gente me mire como una extraña y más ahora que me he juntado con Eric.

-Tener miedo es lo normal.- Prosiguió Walker con voz lenta y consoladora.- Y enfrentarte a ello es la mejor manera de superarlo.

-Es muy fácil decirlo, Walker…- Murmuro Eric.

-Lo sé… Pero por eso no os voy a dejar. A mí me ayudaron y os ayudare en lo que pueda. Empezando por llevaros al baile de invierno.- Hubo una pausa y luego oí como Walker susurraba a Eric.- Confía en mí.

Me gire y Walker tenía la mano en la cara del chico moreno mientras ambos se miraban fijamente a los ojos. El chico asintió y el rubio sonrió. Tras ese momento entrañable, ambos se volvieron para mirarme.

-Yo no quiero meterme en guerras con Mike.- Sentencie.

-No es una guerra, sino decirle a los demás que no tienes miedo. ¿Qué daño te va a hacer ir al baile? Te lo pasarás bien.

Sin el silencioso apoyo de Eric me sentía más intimidada por lo que no tuve más remedio que aceptar.

Cuando nos separamos, pensé en como Walker había logrado convencer a Eric de ir al baile. Solo le había susurrado esas palabras… Y esa mirada…

Nada más llegar a casa corrí a por el teléfono y llame a Tara, invitándola a pasar la noche. Acepto sin dudarlo. No era la primera vez que una de nosotras iba a dormir a casa de la otra, incluso entre semana.

Tras cenar todos juntos, mis padres, Tara y yo nos encerramos en mi habitación.

-¿Y qué es eso tan interesante que tenías que contarme? ¿Te convenció Walker para ir al baile?

-Si… Pero lo más extraño es cómo lo hizo. Bueno, realmente convenció a Eric y no me quedo más remedio…

-¿Qué dijo?

-Hizo algo así.

Imitando a Walker, puse la mano en la cara de mi amiga, la mire a los ojos profundamente y pronuncie las palabras “confía en mí”.

-Y él solamente asintió.

-Tía… Me han dado ganas de besarte, y mira que a mí solo me ponen burraca los tíos.

-Eso mismo pensé yo…

-No creerás que Walker y Eric…- Pronuncio mi amiga dejando la frase en el aire.

-Sabemos que Eric si… Pero, ¿Y Walker?–Razone en voz alta.

Ambas nos sentamos en la repisa de la ventana mirando hacia la casa de enfrente.

-¿En serio crees que ese chico es gay? No lo parece.

-Eric tampoco es el prototipo de chico gay.

-Me daría tanta pena que un chico tan guapo estuviera en la acera equivocada… -Mi amiga siempre pensaba en negativo.- Se me ocurre que… Deberías de besarle.

-¿Qué? – Exclamé sorprendida.- ¿Qué tontería es esa?

-Claro, si le besas y le gusta, sabremos que no tiene nada con Eric.

-¿Cómo pretendes que bese a Walker? ¿Te has tomado algo raro?- La chica negó la cabeza.- Lo peor es que lo dices en serio, ¿verdad?

-Tu no estas con Mike, eres libre, él está libre… Todo perfecto, solo bésale, no hace falta que le extraigas el alma, con un beso pequeño, robado, es suficiente.

-Estás loca…

-Dime que no te gustaría poder besar esos labios jugosos… Y que te mire con sus ojos tiernos… Y que te susurre al oído…- Tara se había ido acercando poco a poco y bajado el volumen de su voz hasta que acabo susurrando.- Y tocar ese culito respingón que tiene.

-Vale, sí, quiero… Pero eso no significa que deba…

Me levante y me metí en la cama. Mi amiga me siguió.

-En el amor y en la guerra todo vale.

Espero que os haya gustado, comentad que os gustaría leer o que hubierais hecho vostros en ese lugar y si queréis ser los primeros en saber que se ha subido un capi, haceros seguidores al final de la página o mirar en la lista de capítulos.

domingo, 16 de diciembre de 2012

14. Guardianes del sueño


Aquí vemos como Nina sobrelleva el primer lunes tras su ruptura y también, tras un lapso de tiempo, un acercamiento de nuestro rubio protagonista a Eric. ¿Que pasara con ellos? Leelo aqui abajo.
Por cierto, hay un pequeño guiño a CSI las vegas (que hice sin querer) Si lo encontraís, comentarlo al final del capítulo.

El fin de semana pasó. La repercusión que tuvo la ruptura de Nina en el instituto fue mucho más grande de lo que debería. Luke me advirtió que en un lugar tan pequeño como Rivertown cualquier cosa tenía una gran consecuencia.

El lunes fue un día duro para Nina. Tuvo que hacer frente a sus miedos, que me habían quedado claros en el sueño contra las pesadillas. Tenía mucho miedo al qué dirán. No hay que decir que fue mirada como una apestada. No la vi hablar con nadie, estaba bastante hundida.

Durante la comida estuvo sola y no tuve reparo en sentarme junto a ella. Eric también se unió a la comida. No charlamos sobre gran cosa, trate de hacerla sonreír pero no lo conseguí.

-Ya me he enterado… Lo siento mucho…- Su amiga había aparecido por arte de magia y se había sentado a su lado y abrazado.- Por eso estuviste desaparecida todo el finde, ¿verdad?

Nina solo pudo asentir para no romper su concentración y evitar echarse a llorar. Su amiga continúo alentándola.

-No te merece, eres demasiado buena para ese capullo. Y a Johanna voy a darle una gran patada en su esbelto culo. Ninguno de los dos se merece que los llores.

-Tienes razón… Pero no entiendo como pude ser tan tonta… Walker lo vio y no lleva una semana.

Las miradas cayeron sobre mí y me sentí culpable de algo que no debería. Solo me encogí de hombros, sin decir nada.

-¿Cómo lo supiste, Walker? – Pregunto Tara.- Ni yo me había dado cuenta.

Nina no sabía en qué aprieto me había puesto. A la velocidad de la luz busque una excusa.

-Se me da bien esas cosas. Como sé que ese chico de ahí,- señale con la cabeza a un chico sentado a dos mesas de distancia- no nos ha quitado el ojo y es posible que esté interesado en ti, Tara.

Ambas chicas se giraron para mirar, el chico de camiseta roja hundió la mirada en su plato al ver que había sido descubierto.

-Es Greg Sander, ¿verdad? – Pregunto Nina. Su amiga solo asintió.- Te gustaba desde pequeños. Deberías ir a hablar con él…

-No sé… - Contesto la chica mientras se ponía colorada.

-Si le pides salir no te dirá que no.- Murmuré.

La chica me miro y le sonreí. Ella inspiro y se levantó.

-Vale. Como no sea así te la tengo jurada el resto de tu vida.

La chica fue y los tres que quedamos en la mesa nos pusimos estratégicamente alrededor de la mesa para poder ver perfectamente. Tara se volvió y Nina la invito a continuar. Cuando llego a donde el chico, empezaron a hablar y ella empezó a jugar con el pelo. Tras unos minutos, ambos caminaron por el comedor y se fueron. Tara antes de irse saludo sonriente.

-¿Cómo lo sabías?- Preguntó Eric con sorpresa. Yo me encogí de hombros.

-Costumbre, siempre observo más de lo que debería y veo esas cosas.

-Eres alucinante.- Contesto el chico y se repantingo en la silla.

Le observe y ahí tirado se veía muy bien. Me apetecía subirme encima de él y besar esos labios tristes y acariciar su cálida piel, enredando una mano en su pelo.

El timbre sonó, sacándome de mi ardiente ensoñación. Nina me obligo a asistir al club de matemáticas, por lo que nos despedimos de Eric y fuimos a clase.

Por supuesto fue una tortura de clase, llena de números, letras y símbolos. Desgraciadamente no me interesaba, pero entendía todo lo que el profesor decía.

Cuando acabo, Nina y yo nos fuimos juntos. Dejamos las cosas en las taquillas y en la de Nina, tras abrirla una nota cayó al suelo. Ella la recogió y la leyó. Luego la volteo para enseñármela. Ponía con letras bien grandes: “cornuda”. La chica me miro con ojos llorosos.

-No les hagas caso. No muestres debilidad alguna y sonríe.

-¿Sonreír? ¿Cómo voy a sonreír con esto?

-Fácil, convierte tus debilidades en tus fuertes. Si te llaman cornuda, no seas la tonta, haz que él sea el malo. – Ella me miro confusa.- Mañana cuando llegues al instituto y veas que todos te miran, señálale a él y grita a los cuatro vientos que el gilipollas es él por buscar otras cosas cuando tú se las ofrecías. Y ataca con el futbol, que les dolerá.

-No se yo…

-Lo que no te mata te hace más fuerte. –Conteste.

Salimos del instituto y nos fuimos a casa. Antes de ir cada uno a la suya ella preguntó si podía acompañarme por las mañanas a correr.

-Claro. No tengo ningún inconveniente.

-Es que ahora me despierto a la vez que tú y no sé qué hacer tanto tiempo…

-No te tienes que justificar. Está bien si quieres venir. Pero tendrás que seguirme el ritmo.

Dicho y hecho. Al día siguiente me acompaño a correr y durante el resto de días también. De hecho, cada día que pasaba era capad de seguirme mejor. Y tras unos días, Eric se animó a acompañarnos. Y también Tara empezó a madrugar más para incluirse en el grupo.

Eric me dijo que le gustaba nadar también, así que le invite a nadar a la piscina del instituto y no tuvo problemas en acompañarme. Me gustaba la compañía de mis nuevos amigos, pero especialmente la de Eric.

Fueron cambios que no pasaron inadvertidos para nadie. Ni siquiera para Mike. El enfado que este hombre se montaba era enorme y un día explotó.

Tras salir de la piscina junto a Eric, fuimos a las duchas para quitarnos el cloro resultante.

-Me gusta tu tatuaje.- Comento Eric mientras estábamos solos.

-Me gusta que te guste.- Reí.- A mí me gusta tu mirada.

Nos quedamos mirando fijamente el uno a otro. Podía ver como el agua corría por su cuerpo y sentí la necesidad de tocar su cara, sentir su calor y besar sus suaves labios. Pero un estruendo llego por la puerta, carcajadas, golpes y ruidos. Eric, asustado, cerró la ducha y salió corriendo. Yo lo hice con más tranquilidad.

-¡Ey! Mirad quien está aquí.- Grito uno de ellos.

Miles de ojos se centraron en nosotros mientras nos secábamos. Eric se estaba vistiendo completamente mojado para salir lo más rápido posible. Yo me tomaba mi tiempo e ignoraba todas las vistas y alusiones que me dirigían. Mike cerró mi taquilla de un manotazo y se apoyó contra el armario. Tenía una horrible sonrisa de suficiencia.

-¿Nos estas ignorando? –Pregunto con fingida molestia.

-¡Ah! Mike, estas aquí… Si, te estaba ignorando…

-¿Qué haces aquí? ¿Os estabais metiendo mano?

-¿Te hubiera gustado verlo? – Le rete.- No sabía que a ti también te gustara el porno gay.

Por el vestuario se oyeron cuchicheos y risas contenidas. Eric estaba temblando de miedo y observaba desde una esquina. Mike por su contra me miraba fijamente con ira contenida, palpable en sus puños, que estaban cerrados y apretados, listos para golpear todo lo que se pusiese en su radio de acción.

-Repite eso y tendrás que volver a casa en una caja.

-¿Repetir? – Dije con tono burlón.- ¿Qué te gusta el porno gay? Puedo ofrecerte algo más que verlo… - Y me toque el costado lentamente insinuándome descaradamente ante sus amigos.- ¿Te gusta?

El chico no pudo aguantar más y me lanzo un puñetazo, que esquive rápidamente retrocediendo.

-Con cuidado, que casi me das.

Lanzo otro y luego otro y otro. Todos demasiado predecibles y fáciles de esquivar. Podía verle respirando cansadamente, con ira en la mirada. Visto que no podía golpearme, por su cabeza pasaba la idea de arrollarme y luego inflarme a puñetazos. El pasillo con taquillas por paredes estaba separado por un banco.

Mike comenzó su ataque. Se lanzó sobre mí como una locomotora. Cuando estuvo a mi alcance, salté sobre el banco y le puse la zancadilla, haciendo que se tropezara y callera sobre sus compañeros. Aproveche el momento para recorrer el casillo, coger mis cosas, y empujar a Eric para irnos.

La puerta estaba bloqueada por dos amigos de Mike, así que tomamos la ruta alternativa, que era la salida por la piscina. Todos nos seguían y Mike volvió a cargar contra mí. Esta vez, y estando de espaldas, no lo vi y me arrollo, tirándome a la piscina.

En un breve momento de confusión, entre golpes, burbujas, agua y falta de aire, me inundo el pánico. Pero al notar un golpe leve del puño de Mike, pensé con rapidez. Me deshice de Mike, parando un golpe y usándole como trampolín para propulsarme a la superficie. Una vez trague una bocanada de aire nade raudo al borde y salí. Los amigos de Mike estaban a un lado, Mike en el agua y Eric en el otro lado, junto a la salida. Me levante y corrí por el borde con toses por todo el agua que había tragado.

Dimos al pasillo y nos dimos de bruces con un par de profesores que nos miraron extrañados y pidieron explicaciones. Justo después entró Mike y todo se explicó.

Acabe sentado en la sala de espera de dirección, junto a Eric, con una manta encima y enfrente de Mike con otra manta.

-Siento haberte metido en este embrollo.- Murmure al chico a mi lado. Él me sonrió, con esa tristeza suya.

Justo en ese momento Luke entró en la sala y observo el panorama.

-Al final lo hiciste, ¿no?- Pregunto. Yo asentí.- Ha tardado más de lo que esperaba.

Del despacho del director salieron un matrimonio y se llevaron a Mike. El director, que era el padre de Nina y nuestro vecino de enfrente, dejo pasar a mi tío al interior y estuvieron hablando un rato.

-Esto fue por mi culpa.- Murmuro Eric.- Si no hubiera dejado que te acercaras no pasaría nada de esto y no estarías en problemas.

No tenía contestación a eso. Tenía razón por un lado, pero estaba totalmente equivocado. No tenía palabras para explicarlo, así que paso a la acción e hizo lo que tenía que haber hecho en las duchas.

Se inclinó y le beso en los labios, suavemente. Luego se separó para verle de nuevo.

-No tienes la culpa de nada.

Aun con la confusión en la cara de Eric, el director asomo por la puerta y me llamo. Entre, aun goteando por el pelo. Me senté en la silla vacía al lado de Luke. Me pidieron mi versión de los hechos otra vez y se la di encantado.

-No tienes un expediente ejemplar, Walker.- Observo el director. – No te conviene meterte en problemas.

-Yo no soy el problema. –Corregí al profesor y trate de sonar educado. – El problema es Mike, impuso una ley del silencio a Eric y le puso los cuernos a Nina. Y para colmo fue el quien empezó todo esto. –Tome aire. Y antes de que me contestaran proseguí.- Yo no soy el problema, pero si tengo que recibir un castigo lo hare.

-No tendrás castigo. Desgraciadamente conozco a Mike, y tampoco le tengo mucho aprecio. Conozco de sus leyes –Hizo una seña de comillas con los dedos cuando pronuncio leyes.- Pero como director he de sancionarte también por haber participado.

Acordamos una hora en la sala de castigo y que no se vuelva a producir. Yo dije que por mí no habría problema, pero insistí en que no iba a dejar que me hiciese daño. El directo pareció entenderlo y estuvo más o menos de acuerdo. Salimos del despacho contentos con el resultado.

-Puedes irte tú también, Eric.- Dijo el director y se metió en su despacho.

-¿Quieres venirte a cenar a la hamburguesería?- Le pregunto Luke al chico.

-¿Van a ir a la celebrarlo después de lo que ha ocurrido?- Pregunto Eric extrañado, mientras nos dirigíamos al coche de mi tío.

-Claro, ¿cómo no voy a celebrarlo? – Exclamo mi tío.- No solo mi sobrino no ha hecho nada malo, sino que te ha ayudado y salvado.- Aclaro el hombre.- Los héroes merecen celebrarlo.

Vale, no conocía la faceta exagerada de Luke. Pero no iba a ser yo quien le sacase de su error. Eric parecía dudoso.

-Vente.- Le ordené.- Luego habrá helado. -Eric rio y se sumó a la cena.- Pero antes pasemos por casa, me gustaría quitarme la ropa mojada.

Tras cambiarme con ropa limpia y seca, fuimos a la hamburguesería. Pedí la hamburguesa europea con extra de beicon y patatas fritas. Cenamos sin prisa alguna, disfrutando de la comida y la cháchara.

Descubrí que los padres de Eric no son muy dados a la charla y no son los mejores padres del mundo. Yo no recuerdo mucho a los míos, pero lo que recuerdo es muy agradable. Le invite a venir siempre que necesitara salir de su casa y no dudo en aceptar el ofrecimiento.

El postre fue el prometido helado. Luke era un auténtico fiera adivinando el sabor de helado que te gusta y dio en el clavo, aunque yo no suelo variar el helado. Fue fresa para él, chocolate para Eric y strachattela para mí. Lo disfrute de sobremanera.

Luego solo quedo volver a casa. Mi tío aparco el todoterreno en la entrada del garaje. Acto seguido me ofrecí para acompañar a Eric hasta su casa con la excusa de sacar a pasear a Spike.

-Ha sido divertido.- Comenté. – Deberíamos repetirlo.

-Estoy totalmente de acuerdo.- Contestó.

Hubo un ligero silencio, que se hizo más incómodo según pasaba el tiempo. Sabía que en su cabeza solo pasaba una cosa y no estaba seguro de cómo expresarlo.

-Respecto a lo… - Empezó a musitar.

Pero yo le hice callar con un beso sorpresa. Un beso que sabía a chocolate y nata, era cálido y húmero. Mis manos subieron hasta rodear su cara. Pude notar como él ponía sus manos en mi cadera. Tras un tiempo que pareció demasiado corto, separe mis labios de los suyos y vi como abría los ojos lentamente.

-¿Qué ibas a decir?- Pregunte.

-Ya nada… Me has contestado. – Murmuro el chico. Este sonrió, pero ya no tenía esa tristeza que le caracterizaba, lo que hizo que su sonrisa fuera más deslumbrante.

Spike ladró y se froto contra la pierna de Eric.

-Le gustas. –Traduje lo que el perro quería decir, con una sonrisa tonta.- Casi tanto como a mí.

Y antes de que pudiera decir algo volví a besarle. Esta vez fue más intenso, tiré de sus labios suavemente y mi mano se enredó en su pelo. El viento otoñal soplaba en la oscuridad de la noche, pero daba igual, su tacto era reconfortante.

Esta vez fue quien se separó, dejándome con más ganas.

-Creo que debería irme.

Yo asentí y deje que se fuera. “Si lo quieres déjalo ir, si vuelve es tuyo, sino, nunca lo fue.” Pensé. Él pareció leerme el pensamiento y volvió para darme un suave beso en la mejilla y volver corriendo hasta la puerta de su casa.

Volví a casa con una sonrisa tonta que hacía tanto tiempo que no tenía.

Espero que os haya gustado, comentad que os gustaría leer o que hubierais hecho vostros en ese lugar y si queréis ser los primeros en saber que se ha subido un capi, haceros seguidores al final de la página o mirar en la lista de capítulos.

miércoles, 12 de diciembre de 2012

Nick Hikes


Hoy toca conocer a un personaje que nos traerá mas de un dolor de cabeza a nuestros protagonistas, y no solo a Walker. Comentadme que os parece, ¿Habríais elegido a otro chico? Decídmelo en los comentarios. Es posible que haya un poco de Spoiler, espero que no sea demasiado o al menos que sea lo suficiente para intrigaros.

Nick Hikes
Nick Hikes - 18 años - Reaper - Bisexual - Americano

DESCRIPCIÓN FÍSICA
De ojos oscuros y pelo rubio castaño. Con la piel suavemente bronceada. Constitución media, altura de metro setenta y siete. Tiene un tatuaje en la espalda de una cola de tigre.
Viste de manera sencilla, sin preocuparse demasiado en ello. Normalmente con vaqueros y chaqueta de cuero cuando va en moto, sino puede llevar cualquier cosa, siempre acompañado por una gorra.
DESCRIPCIÓN PSICOLÓGICA
Es un chico divertido y ameno, siempre sonriente. De apariencia despreocupada y olvidadiza, pero detallista y romántico. Cuida de los suyos como si de su propia vida se tratase. Ayuda a los demás siempre que puede y no conoce la palabra rencor.
Nunca para, siempre esta haciendo cosas, si no una cosa es otra, y en constante formación, aprendiendo cosas, desde mecánica hasta botánica.
Le encanta la música, tocarla, cantarla y crearla; junto con la velocidad.
GUSTOS
-La música (crearla y tocarla)
-La velocidad, sobretodo motos.
-Las excursiones
-Las hamburguesas
-Los animales de compañia
DISGUSTOS
-La mermelada
-Las bicicletas
-Los libros
-Las zanahorias
-La lluvia
HISTORIA
Nació el 17 de agosto en Nueva York. Su infancia fue un poco dura, su padre falleció siendo él bebe y su madre se encargo de mantener la casa y su vida. Tuvo que dejar el instituto para trabajar y poder ayudar a su madre, pero eso no evito que siguiera aprendiendo y se apuntaba a todo tipo de cursillos y clases, a todas las que podía.
Antes de dejar el instituto conoció a Walker. Cuando se conocieron Walker era un montón de depresiones, y Nick se encargo de sacarlo de su miseria. Logro que volviera a sonreír. Ambos se complementaban, uno era responsable y el otro era aventura. No podían vivir el uno sin el otro. Nunca llegaron a llamarse novios el uno al otro, no hacia falta, se querían mucho más que eso.
El cumpleaños de Walker, por su decimoséptimo cumpleaños, le regalo un tatuaje, ambos se hicieron el mismo, una cola de tigre en la espalda, en honor a su animal favorito. Luego se disponían a comer, pero un accidente se lo impidió. Un camión les arrollo.
Nick quedo en coma y al cabo de tres días no pudo resistir y murió por los numerosos problemas que los médicos no podían solucionar. El último sueño que tuvo fue con Walker, pasaron esos tres días juntos en el mundo de los sueños.
Tras la muerte de Nick, este se convirtió en Parca (Reaper). Persiguió a Walker en sus sueños. Ninguno de los dos sabía que Nick era letal para Walker en el mundo de los sueños. Walker logro escapar de las terroríficas garras de Nick, quedando este flotando de en el mundo onírico.

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